facebook   twitter   youtube 

La maldición de ser joven en Medellín

(Tiempo estimado: 4 - 8 minutos)

Panorámica de Medellín.

Lukas Jaramillo¿Por qué muchos jóvenes paisas, incluso algunos que disfrutan de un buen nivel de vida, acaban en la violencia o en las drogas? La respuesta puede estar en algo tan sencillo e importante como el trato que les da su ciudad.

Lukas Jaramillo*

Somos donde crecemos

Todo ser humano se forma una explicación acerca de la vida y de la sociedad a partir de sus inclinaciones personales y de sus vivencias a lo largo del tiempo.

La actitud de cada persona hacia el resto de la sociedad depende de sus experiencias, y la forma como se desarrollan las relaciones humanas en cualquier colectividad depende de los procesos de socialización informal y educación formal que allí se viven. Por eso la esencia de cada  sociedad se expresa en la manera como trata a sus niños y a sus jóvenes.

En Colombia, la estratificación social heredada de la Colonia (“¡usted no sabe quién soy yo!”) ha hecho que ni el Estado ni la sociedad civil le hayan dado prioridad a formar ciudadanos modernos con capacidad de empatía hacia sus compatriotas. Eso se lo ha dejado a las familias, quienes  individualmente deciden qué valores y comportamientos quieren trasmitir.

El resultado ha sido que el país siempre haya tenido un gran porcentaje de su población para la cual el Estado es un botín, los “negociados” son negocios y la riqueza se encuentra, se apropia o se captura de cualquier manera. Por eso hoy Colombia ha caído en una gran trampa de deshonestidad,  y nuestras ciudades son malas para la formación ciudadana.

Los “pelados” paisas

Jóvenes en proceso de resocialización en la Casa de Acogida para Jóvenes de Medellín.
Jóvenes en proceso de resocialización en la Casa de Acogida para Jóvenes de Medellín.
Foto: Alcaldía de Medellín

En Medellín, en particular, se encuentran muchos ejemplos de la manera como Colombia  ha maltratado y maltrata a los más chicos.

Para empezar, muchos adolescentes en Medellín nacen “culpables” de que su mamá o su papá tengan una vida terrible, de que la gente de su barrio sea peligrosa o de que en esta ciudad uno no valga nada hasta que sea alguien con plata y con subordinados. Medellín puede perdonar muchas cosas, menos el fracaso. El problema consiste en que muchos adolescentes de la capital antioqueña no han tenido una primera oportunidad y no llegan a tener una segunda porque acaban haciéndose daño a sí mismo y a otros.

Medellín puede perdonar muchas cosas, menos el fracaso.

A veces, las estadísticas no logran explicar estos casos: tenía mamá, tenía papá, no era de los barrios más pobres y nunca le faltó nada, y, sin embargo, acabó mal. En muchas ocasiones episodios individuales y particularmente tristes desvían a los adolescentes y los llevan a ser crueles, primero con ellos mismos y luego con otras personas. Lo cuantitativo tiene mucho que decir y ya superamos la discusión sobre la pobreza como única causante de la violencia, pero hay que mirar con más detenimiento casos como los que ha presentado el cine de Víctor Gaviria, donde un episodio triste desvía a los pelados, llevándolos a la crueldad y a la violencia.

Ese desvío brutal sirve a los pequeños ecosistemas del crimen en Medellín, que han demostrado una gran capacidad para reproducirse y crear redes que sirven para la construcción de economías mafiosas y poder político corrupto.

Un déficit de afecto

Es cierto que aquí o allá un adolescente fastidia, puede ser antipático e incluso llega a estorbar. Los mayores también fuimos así en nuestra adolescencia. Si recordamos bien, vemos que los otros nos aguantaban por un cariño rotundo, lleno de convicción más que de evidencias o de respuestas por parte del adolescente. Los que nos aguantaron lo hicieron sin que lo mereciéramos, solo porque estábamos, de alguna manera, destinados a ello.

Aquí se puede ver un factor de la inequidad, pues esta no solo consiste en la falta de recursos, sino también en los déficits de vínculos y afectos. A los adolescentes de barrios populares de Medellín no se los aguantan el profesor ni el policía, que muchas veces los ven como un peligro, ni la madre, que puede ser una mujer que tiene hijos con dos o más hombres distintos sin que ninguno “repunte” y que vive completamente agotada y desmoralizada.

El espacio público de muchos jóvenes está poblado por criminales de su misma edad, y si buscan acceder a otro lugar para gastar y demostrar su valía, son sospechosos ante los ojos de los policías o de los demás habitantes.

Todo esto sin contar la escuela, donde son muchos los casos de humillación y de destrucción de la autoestima que pueden encontrarse. Cuando el adolescente está cautivo en su colegio (al que va porque un tío o un padrastro lo trata peor en la casa) se le dice que “deje de ser flojo”, que no desaproveche tantas oportunidades y que tiene que ser más respetuoso. Le decimos que tiene que esforzarse más y ser más disciplinado, pero no notamos su angustia ni su depresión porque no creemos que un adolescente sufra estrés.

Al adolescente solo le queda buscar el escape de una ciudad que lo angustia, que no le da ningún espacio y a la cual, desde su nacimiento, le debe algo porque él nunca ha estado a la altura de la gran ciudad paisa, la capital de los “verracos”.  Para escapar encuentra las drogas y en esa búsqueda de ser verraco encuentra el grupo criminal, donde alguien por primera vez lo mira a los ojos, lo nota, y él, que ya estaba roto y se sentía sin destino, dice: “pa’ las que sea”.

Empezar a perdonar

Comuna 13 de Medellín desde el Metrocable.
Comuna 13 de Medellín desde el Metrocable.
Foto: Omar Uran

Los grandes hombres de la ciudad suben de vez en cuando al barrio de este adolescente de origen popular, normalmente empujados por las mareas de la política, pero no lo miran a los ojos, y puede que no lo noten como alguien separable de una población o del entorno. Estos hombres no notan el brillo de estos pelados y peladas porque ven en ellos problemas y les parece que representan algo que está mal, que está corrupto.

No se los aguantan el profesor ni el policía.

Un alcalde de Nueva York dijo una vez que su ciudad era buena para darle segundas oportunidades a todos los de afuera, pero despiadada con los nacidos en ella. Medellín ha sido así para muchos que han crecido en sus comunas populares.

Para lograr que Medellín sea una ciudad que viva sin miedo es necesario que sus adolescentes sean perdonados. Perdonados por cosas que hicieron, que no hicieron o por cosas que ni siquiera entienden: que el papá se haya ido, que la vida esté muy dura, que haya que irse del barrio y que no haya para el desayuno.

Tal vez todo puede cambiar si miramos a los ojos a un pelado de estos y le decimos que se relaje un poco, que no tiene que hacer tantos esfuerzos, que no estamos esperando nada de él o ella distinto de ser feliz y de vivir su adolescencia.

Medellín puede cambiar si la convertimos en una ciudad para las primeras y segundas oportunidades y no para ser los mejores. Que sea una ciudad que busca que sus jóvenes sean felices –más que hacer a sus emprendedores sean exitosos–.

 

* Director ejecutivo de la fundación Casa de las Estrategias.   www.casadelasestrategias.com

 

Escribir un comentario

Agradecemos a los investigadores, académicos y profesionales que contribuyen con sus artículos, declaraciones y caricaturas inéditos para ser publicados en la Revista Razón Pública. Los autores son responsables de sus ideas y de la presentación de los hechos en este documento.

“Los comentarios en Razón Pública están sujetos a moderación, (de 8 am a 6pm hora de Colombia) con el fin de garantizar un intercambio de opiniones en tono respetuoso - serán bienvenidas la crítica aguda y la ironía - que enriquezcan el debate y resulten interesantes para lectores y autores.
En consecuencia, no se aceptarán comentarios del siguiente perfil:
1. Que constituyan descalificaciones, ataques o insultos contra los autores o contra otros participantes del foro de comentarios.
2. Que incluyan contenidos, enlaces o nombres de usuarios que razonablemente puedan considerarse insultantes, difamatorios o contrarios a las leyes colombianas.
3. Comentarios sin sentido o repetidos, que serán eliminados sin piedad.

Los comentarios no reflejan necesariamente la opinión de Razón Pública, sino la de los usuarios, únicos responsables de sus propias opiniones.”


Código de seguridad
Refescar

Comentarios  

Jaime Sierra
+1 # ComentarioJaime Sierra 16-05-2016 15:39
Me resulta muy conmovedor el escrito, denota una gran sensibilidad por los jóvenes y muy especialmente por aquella población casi invisibilida solo por un asunto relacionado con el espacio y con el estatus otorgado al nacer
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Tatiana Sanin
0 # XxxxTatiana Sanin 16-05-2016 20:18
Porqué nos tenemos que flagelar tanto, somos malos?, tan malos?
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Lukas
0 # malos?Lukas 19-05-2016 15:06
Cito a Tatiana Sanin:
Porqué nos tenemos que flagelar tanto, somos malos?, tan malos?


Desde mi punto de vista no hay malos y lo que tenemos que hacer es recuperar la piedad: la falta de piedad ha ido acompañada con un enorme orgullo que no deja discutir algunas cosas.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Óscar Arias
0 # CulturaCompetit ividadÓscar Arias 20-05-2016 07:12
Esta cultura del exito económico y social que se ha venido instaurando en nuestra Medellín, en gran parte ayuda a comprender porqué tenemos tanta corrupcion empresarial y política. Es lamentable ver cómo se malogra la vida de los jóvenes más vulnerables, en un ambiente donde se ha vuelto cotidiano competir despiadadamente , donde solo nos acordamos de cooperar y de ser solidarios cuando las grandes tragedias nos tocan la puerta.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Loli
0 # Los invisibilizados del paísLoli 20-05-2016 17:20
De acuerdo,en parte; Medellín no es la ciudad que no perdona a sus adolescentes; es Colombia el país que no quiere a sus adolescentes, ni a sus niños. Esa es la semilla de la intolerancia, la delincuencia, la violencia..la muerte temprana.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Ricardo Giraldo R.
0 # ContadorRicardo Giraldo R. 26-05-2016 12:59
Uno de los grandes errores de los adultos es olvidarnos de las travesuras de nuestra niñez y nuestra juventud. Esto hace que no comprendamos a nuestros niños y jóvenes, y que al contrario nos sorprendamos co sus comportamientos y seamos intolerantes y maltratadores llegando la estigmatización . Completamente de acuerdo. Necesitáis niños felices, no necesariamente emprendedores. Los padres siempre queremos el mejor de la clase, y siempre habrá sólo uno. No frustremos a nuestros hijos.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Alejandra Lara
0 # Somos lo que decimos de nosotrosAlejandra Lara 28-05-2016 11:24
Es triste ver a veces a tantos paisas que siempre están hablando de lo mal que está todo. Creo que para progresar hay que mirar hacia adelante, no hacia atrás, querer nuestra tierra, respetarla y respetarnos, resaltar los avances y mejoras, el cariño que también nos tenemos, darnos cuenta de importancia de una educación de calidad, pero más que en la escuela en el hogar que es la base de toda construcción social. Sólo el amor nos salva.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
AVotarEnBlanco
0 # De Mi Parte2014AVotarEnBlanco 03-07-2017 12:07
Yo creo que ha Medellin, Antioquia y Colombia lo tienen así los militantes de la Ulraderecha-Lib eral-Conservado ra y Recalcitrante.. ..
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador

Esta semana en Razonpublica